Loco o bipolar

Diario de una persona que a los 16 de pronto enloqueció, luego a los 40 cree descubrir que es bipolar y en este momento con casi medio siglo en este mundo, no tiene claro que es lo que tiene.

domingo, 31 de mayo de 2015

Fue Bolivar Bipolar?

Ahora aparece por varios lados que otro famoso fue bipolar, Simón Bolivar, fue un general americano, descendiente de españoles y al parecer también de africanos (aunque él, siempre trato de ocultar la mitad de su origen, en los cuadros siempre parece un fino español mantuano, gracias al Photoshop del siglo XIX), que fue una de las personas claves para la separación de las colonias americanas del dominio español, situación que se dio a principios del siglo XIX.

Para empezar para mi forma de ver Bolívar no fue bipolar principalmente porque dicho trastorno apenas existe a partir de la última década del siglo XX, digo que existe solo a partir de los últimos tiempos, porque antes existían otros problemas mentales diferentes, pues la condición de bipolar tiene que ver entre otras cosas con algo que solo se puede dar en el contexto actual, pues requiere de unas condiciones internas de personas que provocan un funcionamiento mental fuera de la norma, moduladas por la forma de vida actual, con toda su modernidad, que incluye el consumo diario de demasiados compuestos químicos sintéticos, que no existían antes, además porque muchos casos de bipolaridad son creados por esta misma situación, lo que de pronto pudo sufrir Bolivar pudo ser análogo a lo que ahora se llama trastorno bipolar, pero como tal no lo fue.

Según un análisis que el Dr Jorge Téllez Vargas hace de Bolívar: en el Artículo "Dos hombres, un héroe, La mente del Libertador en la pluma de Álvaro Mutis, Gabriel García Márquez y Evelio Rosero" que hace parte del libro 12 personajes literarios en busca de psiquiatra.

Basándose de la imagen entre histórica y ficticia de Bolívar, que muestran estos tres escritores lo define como un bipolar mas.

Existe un audio de una entrevista del Dr tellez donde se habla de este artículo.

Entre otras cosas se dice:





"Serían necesarias algo más de dos décadas a partir de nuestra consulta imaginaria con el Libertador para que la psiquiatría conceptualizara su dolencia. A mediados del siglo XIX, Jules Baillarger y Pierre Falret hablaron de una enfermedad que tenía fases de manía y melancolía. El primero la llamó locura de forma dual y el otro, locura circular. A comienzos del siglo XX, Emil Kraepelin hizo una descripción más detallada que la de sus predecesores y acuñó el concepto de psicosis maniacodepresiva, que desde 1994 se conoce como trastorno bipolar.  No es de descartar que en un futuro lo llamen trastorno de la regulación del afecto, como se sugiere para algunos cuadros clínicos en una eventual quinta versión del Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM-V), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Como se observa en nuestro paciente imaginario, es un trastorno en el que alternan o coexisten episodios de gran exaltación (manía) e hiperactividad (hipomanía) con momentos de depresión.  Hoy en día sabemos que el trastorno bipolar tiene un alto componente hereditario y se origina en una alteración de los circuitos cerebrales que equilibran el estado de ánimo.

Gracias a los estudios del psiquiatra suizo-estadounidense Jules Angst, se conoce que en la evolución de la enfermedad bipolar los cuadros de manía e hipomanía, tan floridos y recurrentes en la adolescencia o la juventud temprana, se tornan paulatinamente menos frecuentes. Entonces la depresión comienza a ser la protagonista, y con frecuencia tiende a ser crónica, como lo describe Gabo en su novela.

Todos los seres humanos presentan variaciones anímicas de acuerdo con las circunstancias ambientales y sus vivencias íntimas.  Se trata de periodos de alegría o de tristeza, relacionados y adecuados a la circunstancia, y siempre pasajeros.  Lo que marca la diferencia en el paciente bipolar es que sus respuestas ante los estímulos son exageradas y prolongadas.

Los síntomas suelen aparecer desde la infancia.  Primero se manifiestan con comportamientos oposicionistas e hiperactividad, síntomas que el Bolívar histórico presentó en su infancia y que hicieron que su padre y después su tío Carlos Palacios cambiaran continuamente a sus institutores, incluidos los mismos Simón Rodríguez y Andrés Bello.  También es probable que se presente cierta precocidad sexual.

El paciente bipolar suele ser impulsivo.  Tiene, por tanto, mayor riesgo de abuso de sustancias y suicidio.  En su corte de pacientes bipolares suizos, Angst observó que el 29 por ciento se quitaron la vida.

La psiquiatría paulatinamente ha aceptado algunas de las categorías sugeridas por el psiquiatra armenio estadounidense Hagop Souren Akiskal para el trastorno bipolar: El trastorno bipolar tipo I, que consiste en periodos de depresión que alternan con fases de manía en las que el paciente pierde el contacto con la realidad; el trastorno bipolar tipo II, el más frecuente y difícil de diagnosticar, en el que se combina la depresión con la hipomanía, entendida como hiperactividad y euforia; y el trastorno bipolar tipo III, que corresponde a cuadros de hipomanía o manía desencadenados por el alcohol, las sustancias psicoactivas o algunos fármacos como los antidepresivos tricíclicos.

En su tiempo, Bolívar habría tenido pocas esperanzas de recibir un tratamiento apropiado.  Fue en la mitad del siglo XX cuando se descubrieron las bondades del litio para estabilizar a los pacientes, aunque la toxicidad derivada de su uso fue cuestionada.  Enfoques posteriores se centraron en tratar cada fase sintomática –por un lado antidepresivos para la melancolía y por otro antipsicóticos para la manía– y años más tarde, a partir de los ochenta, se emplearon los anticonvulsivantes y moduladores del ánimo.  Estos fármacos, al estabilizar las alteraciones neurobiológicas de las redes y circuitos cerebrales que dan lugar al trastorno bipolar, impiden la aparición de nuevos episodios afectivos.  Ya sean manifestaciones de tinte depresivo, maníaco o hipomaníaco, estos medicamentos estabilizan el comportamiento del paciente y mejoran su calidad de vida.  Mejor dosificado, hoy vemos un resurgir del litio como terapia, así como la aparición de nuevos estabilizadores del ánimo.  Si apareciera en mi consultorio, a este Bolívar literario yo le habría recetado un estabilizador del ánimo para yugular los síntomas de su bipolaridad, posiblemente de tipo II.

También le habría recomendado psicoterapia para monitorear el tratamiento y enseñarle a identificar los disparadores de sus síntomas.

En conclusión, tenemos varios indicios para sospechar que el Simón Bolívar descrito por Mutis, Gabo y Rosero es bipolar y que le estamos dando el tratamiento acertado.  Son notorios los altibajos emocionales, el escaso control de sus impulsos sexuales, la agresividad, la megalomanía, la distractibilidad y, en ciertos intervalos, momentos de frustración, pesimismo y tristeza.

Sin embargo, cabe preguntarse: ¿es un mismo personaje o son dos personajes distintos? ¿Es lícito amalgamar las visiones de tres escritores para hacer una sola interpretación?
En efecto, cuando se juntan opiniones diversas sobre una persona, y entre estas opiniones se incluyen las de críticos y admiradores, es casi inevitable concluir que esta presenta un carácter dual, o al menos que es francamente inestable.

Aun así, para cualquier psiquiatra es verosímil que el Simón Bolívar de los tres escritores sea una misma persona.  En la personalidad bipolar pueden fácilmente convivir el hombre reflexivo descrito por Mutis, el líder con sus debilidades humanas contado por Gabo y el promiscuo con rasgos de sadismo que pinta Rosero. La moneda tiene dos caras, pero siempre será una sola".

Lo anterior corresponde a una parte del articulo escrito por el Dr Téllez, el articulo completo lo pueden encontrar en el post 12 personajes literarios analizados por psiquiatras donde pinchan donde dice enlace.

viernes, 22 de mayo de 2015

Enfermedades mentales reales y enfermedades que no lo son

En este momento estoy de nuevo usando medicamentos, desde hace como un mes o algo mas volví de nuevo a la tendencia de dejar de dormir y tener sentimientos de manía, opté por volver a tomar las gotas para dormir y retomar el ácido valpróico, espero no tener que tomar nada más, y poder suspender de nuevo este esquema si logro estabilizarme por un buen tiempo.

Se que lo que hago puede ser un acto de irresponsabilidad, pero pienso he logrado con base en ensayos propios lograr apaciguar mis desbalances sin llegar a estados de crisis, tomando algunos medicamentos cuando siento síntomas de mi problema mental que no se pasan pronto, ademas de poder tener períodos relativamente largos de estabilidad sin tomar ningún medicamento.

He logrado convivir con mis fantasmas internos y he logrado controlarlos por mi cuenta muchas veces; eso si, cuando siento que mi autocontrol es incapaz de manejar la situación, acudo a sustancias externas que parece me ayudan, en varias oportunidades lo he hecho con psiquiatras que me asesoran al respecto y últimamente lo hago por mi cuenta con base en lo que los psiquiatras me han dado en varias oportunidades y que de acuerdo con la experiencia me han funcionado mejor.

De acuerdo con lo que he encontrado últimamente en la red, las perspectivas que tenemos quienes estamos afectados por problemas mentales no son las mejores, los protocolos terapéuticos actuales usados por los psiquiatras plantean que tenemos que estar medicados con varias sustancias durante todo el tiempo, que sin esto no existe alternativa para estar aliviados.  Ante esta situación se tienen alternativas que de pronto pueden ser peores como tomar sustancias psicoactivas legales o ilegales que nos llevan a unos alivios temporales pero que con el tiempo nos llevan a una adicción a estas sustancias. Otra es optar por no tomar nada y rogar a Dios para que nos ilumine, para que con la ayuda de él podamos soportar los desbalances y las crisis que vamos a tener, sin tener que matarnos y sin afectar mayor cosa a los demás, como también rogar para que los demás sepan soportarnos mientras volvemos a estados mas o menos normales.

En cuanto a manejo actual que se le esta dando a los problemas mentales se esta en una situación muy negativa, donde en su mayoría los esfuerzos en el desarrollo de nuevos medicamentos impulsados por la industria farmacéutica moderna se enfocan en curar enfermedades inexistentes en personas que no están afectados por problemas mentales reales, a quienes les convencen de que sufren enfermedades mentales, para que acepten estos tratamientos;, mientras tanto para las personas que podemos sufrir de verdaderos problemas mentales graves que son incurables en este momento, no se tienen nuevos avances y mas bien se les deja en manos de los curas, de los chamanes, de guías espirituales, del yoga, se les deja al garete para que vaguen por las calles para que terminen alcoholizándose o drogándose por su cuenta, con drogas cada vez mas fuertes que no ayudan si no que hunden mas.

En resumen los que sufrimos problemas mentales reales tenemos un panorama poco alentador.

En mi caso he podido sobrevivir los últimos 8 años con solo dos componentes químicos los cuales he usado de acuerdo con la prescripción medica durante digamos la mitad del tiempo y luego últimamente usándolos solo como alivio cuando tengo síntomas de desbalances que no puedo hacer retroceder mediante el auto control.

Me dejo aterrado encontrar un blog de una persona que dice tomar mas o menos una docena de diferentes medicamentos y mas o menos la mitad son medicamentos psiquiátricos, la otra mitad son para problemas de enfermedades físicas, que de pronto pudieron ser causadas precisamente por los medicamentos para los problemas de la mente.

Esta persona es el ejemplo de lo que se busca por parte de la industria farmacéutica moderna, es hacer que todas las personas tomen una gran cantidad de medicamentos para poder llenarse sus bolsillos y no para curar una enfermedad.

Esto me hace acordar de lo que decían nuestros padres o abuelos, que las medicinas de antes si curaban, si antes usted se enfermaba se tomaba un remedio y se curaba y no tenía que volver a tomar este remedio y si la enfermedad no tenía cura pues no se tomaba nada y se terminaba o muriéndose por culpa de esta enfermedad o curándose por su propia cuenta.

Por lo tanto en años pasados mas o menos unos 50 o 60 años atrás, las ventas de medicamentos eran muy pocas, en este momento se tienen demasiados tipos de medicamentos para enfermedades que se pueden curar, pero también muchos medicamentos para enfermedades incurables, para las que de pronto podría ser mejor hacer como se hacía en la antigüedad, que es mejor que la persona se cure sola o que se muera sin tener que tomar tanta cosa.  Para acabar de completar en esta modernidad para poder vender muchas mas medicinas les dio por inventarse enfermedades inexistentes para las cuales se crearon una gran cantidad de medicamentos que no pueden curarlas, porque no existen, pero que para fortuna pueden eso si enfermar de otras enfermedades reales las cuales pueden ser tratadas por remedios reales y que de pronto pueden curar.





viernes, 1 de mayo de 2015

Viviendo con emociones alteradas


Viviendo con emociones alteradas

Este es un post que se ha configurado como una republicación de un post original con una corrección no autorizada por su autora, pues he hecho cambios al original para adaptarlo de acuerdo con mi gusto, ademas su autora es anónima, que de haberse hecho dentro de los canones legales, daría para una demanda en mi contra, que por demás tambien soy un anónimo a pesar que escribo con un nombre de pila, pues Oscar Márquez como tal, tampoco existe.
Este post es la definición según “Blue” de lo que se denomina un trastorno bipolar.
Pido perdón a Blue, por lo que estoy haciendo, pero si desea y logra ver esto y no le gusta y puede comprobar de algún modo que es ella y quiere que retire esta corrección de la red, pues simplemente lo haría.

"Ayer estuve chateando con un chico de Castellón al que hacía tiempo que no veía por las redes sociales. Es joven, tendrá unos 25, y en su día decidió dejar la medicación, porque la acupuntura le quitó la Ansiedad y se sentía sin más problema, no estaba en la montaña rusa. Pero las cosas cambiaron, me contó que tuvo una depresión y volvió al psiki a dejarse empastillar (argot). Me llamó la atención un comentario que hizo: “las emociones no son un secreto para nosotros”, a cuento de un taller de teatro.
Ese es el quid de nuestro problema mental. El TB ha sido definido como “enfermedad de las emociones”.Tú experimentas emociones, como cualquier hijo de vecino. Te alegra ver a un amigo, te entristece visitar a un enfermo en el hospital. Tu estado de ánimo depende de lo que te ocurre, debido a lo que tu entorno te brinde, incluso de vez en cuando no experimentas emociones fuertes (“estás normal”) pero también sabes perfectamente lo que te pasa cuando te cabreas hasta el límite. Te sorprendes ilusionándote cuando juegas con un niño pequeño, y emocionándote hasta soltar la lagrimilla con una película… tú has hecho esto, y el resto de humanos, tambien,… navegar, OSCILAR cotidianamente entre emociones, a veces contradictorias durante el mismo día. Por ejemplo, llegas de mala leche del curro, más el atasco en la autopista y se te arregla –y alegra, emoción- el día viendo ganar a tu equipo favorito un partido de fútbol.
Son los sentimientos cotidianos.  Sin embargo, para un bipolar, esto no es cotidiano y llevadero, sino cotidiano y un problema. Porque esas emociones son mucho más fuertes.  Se es muy sensible a ellas, los estímulos externos que provocan emociones fuertes y son controlables para cualquiera del montón, pueden convertirse en cuchillos afilados. Observa una reunión de niños. Juegan, y mientras lo hacen, chillan, ríen, se agitan. Yo digo que son pequeños maníacos. Fíjate en sus emociones, y cómo las expresan, en risas abiertas y francas, en movimientos corporales abiertos. Es un estado alterado de conciencia muy interesante. Creo que es de tipo hormonal.

Ahora nos detendremos en otro escenario, esta vez triste, por ejemplo un velatorio. Los hay muy compungidos, les ha tocado de cerca. Si no lloran, apreciarás en sus rostros el dolor, la impotencia, etc. Otros hacen compañía, y por contagio, se les cae la lágrima. Ya tenemos los dos extremos.

Los hemos fotografiado en dos momentos. Ahora pasemos al trastorno bipolar. No son momentos puntuales. Son episodios o fases donde las emociones están alteradas. Duran días, semanas, o meses, quizá años. Por lo que he visto, las manías suelen ser cortas, mientras que las depresiones se instalan hasta que no tienen otra cosa mejor que hacer que largarse ("Adieu, mon amour", dice un amigo mío en ese momento).

Las fases maníacas son de gran exaltación, alegría, amor por la vida. La manía es un pacto con la Vida. Todo es magnífico, la botella está medio llena y te la bebes, y además pides otra ronda que pagas generosamente, porque siempre estás celebrando y regalando cosas. Tú eres de puta madre, te sobra autoestima por todos lados. Te sientes muy abierto, le cuentas tu vida hasta al portero. Sales más, haces vida social, la gente es simpatiquísima y vas haciendo amistades por doquier, tu labia es imparable, eres la hostia.
Duermes poco porque además de necesitar tan solo cuatro o cinco horas, tienes mil cosas a hacer, veinte libros nuevos por leer, una casa a redecorar, un vestuario a renovar porque tú te sientes renovado y necesitas ver esos cambios en los viejos escenarios.
Viajas porque necesitas experiencias nuevas, los escenarios de siempre te aburren. El Amor te llama y te enamoras de cualquiera sin pensarlo ni analizarlo mucho, cuando en realidad te has enamorado del Amor.
Y el sexo, ohh..., piensas mucho en el sexo: no pararías, eres el mejor amante y además infatigable. Todo te sabe a mucho pero quieres más, te sientes vivo como no lo habías hecho antes y necesitas más inyección de vida, y además te sobra energía para aguantarla.
Te sientes realmente feliz, lo disfrutas al máximo, tú y el mundo estáis compenetrados y os dais lo mejor el uno al otro.

La depresión, por lo contrario, es una lucha contra la Muerte. Estás muerto en vida. En la mayoria de las veces no hay un factor o causa externa alguna para que te hayas hundido (tienes un depresión endógena), pero tú te sientes muy solo, muy vacío y definitivamente muerto por dentro. No vives, eres un vegetal, se te acabaron las pilas.
Te sientes una mierda, y te preguntas si alguna vez tuviste autoestima, cuando te miras al espejo y el reflejo es el de un viejo demacrado o una pre-obesidad. Sueles quedarte en blanco mirando al techo, perdido en tu propio interior, preso de ti mismo. No coges el teléfono porque no tienes ganas de hablar. Si lo coges, tu voz es un maullido, no dices nada porque no hay nada a contar, y acabas colgando entre excusas porque te agobia tanta charla.

Vives en la Nada. El sexo ha dejado de existir, como tantas otras cosas, te apetece -no, no te apetece nada en absoluto, NECESITAS directamente- dormir, dormir te desconecta de la pesadilla, duermes más de doce horas al día a veces. Te gustaría estar para siempre en sueños, o en un lugar tranquilo donde nadie te molestase, porque tu “yo” se ha cerrado al mundo, y a tu vida en el mundo. Sales de casa por obligación, tu lugar está en la cama o en el sofá tragando telebasura, y en chándal, eso si te has quitado el pijama. ¿Ducharse? Cuando no hay más remedio, no hay ganas ni de eso.
Tu yo está triste, muy triste, muy solo en este mundo que se ha estrechado hasta encerrarte en un muro, y se sufre mucho por ello, se siente impotencia y aislamiento, se ha perdido la capacidad de comunicarse con sus semejantes. Sufres por ti y por toda la humanidad, tu sufrimiento no tiene límites. Cualquier chorrada te hace llorar, eso cuando no estás llorando porque sí.

Piensas que vas a quedarte toda la vida en ese estado, esta vida que es una mierda, y te planteas que estarías mejor fuera de ella. Y aquí es cuando entramos en la zona de peligro: “El Suicidio”.

Estoy hablando de la misma persona.  Increíble, ¿no es cierto? Que ha experimentado ambas cosas a lo largo de su vida, o en el mismo año. Por ejemplo, en medio año ha pasado de un extremo a otro, es moneda común. O te catapultan, o te caes al foso, como el pobre Coyote.

Es el Péndulo. Advierto que he descrito fases “puras”, síntomas de manual de psiquiatría, pero ciertos. Cuando un bipolar está bajo tratamiento, puede padecer -y padece- nuevos episodios, pero en teoría gracias a la medicación estabilizadora del humor los síntomas pueden ser mucho más suaves y llevaderos.
Dije en teoría, y lo subrayo. Entrar en una fase de las descritas puede hacerse de forma brusca o paulatina. Suele ser gradual: De repente empiezas a notar síntomas en una u otra dirección.
Y es cuando debes llamar al psiquiatra urgentemente o adelantar la cita que tenías programada el próximo mes, porque necesitas un ajuste en la medicación. La razón es que si las cosas se van de las manos, y el episodio avanza rápido y se agrava antes de que la medicación lo aplaque, la historia puede acabar en un ingreso.

Episodio maníaco, episodio depresivo… me falta el episodio mixto. Es el peor, eso dicen, y yo lo corroboro. Porque se mezclan síntomas de ambos.
También se le llama manía disfórica (lo contrario de la manía eufórica, la feliz). Yo he vivido en un episodio mixto unos ocho meses.
En mi caso, manifestaba casi todos los síntomas de la depre, ideas suicidas incluidas, y una mala hostia con el mundo (irritabilidad, síntoma maníaco) que me permitía hacerlo, y casi lo hago.

Cada día me suicidaba mentalmente, pero por fortuna no lo hacía -pensaba mucho en mi familia, en lo que sufriría, en que no lo entendería-, aunque sabía cómo, y me apartaba de... (no se dan ideas, dice una gran amiga). Me han dicho que el riesgo de suicidio en episodio mixto pasa de ser del 20% al 50%. No me extraña, es un infierno mental del que saldrías por cualquier puerta o balcón.

El episodio mixto es el más temido, porque es el peor. Pero no, el peor es el maníaco, porque temes la psicosis, la pérdida de la razón, perderde de este mundo pero vivo. No, el más nocivo es el depresivo, porque dejas de vivir y te la juegas al suicidio. Tememos a los episodios, no se sabe cuál es peor porque todos acaban siendo asquerosos, todos significan sufrimiento desde el principio o al final (caso de la manía). Es entrar en uno y desear salir el mismo día, pero aguantar mecha hasta que la medicación te saca, o que el péndulo te lleve a otro lugar, que cicles porque sí hacia otro episodio.

Hay un episodio, sin embargo, que sí es el deseado. Se trata de la HIPOMANÍA. Es un grado menor de la manía, es un intermedio entre la eutimia-normalidad y la manía. Estás algo "subidillo" (argot), pero apenas es apreciable. Tu autoestima es correcta. Te sientes bien, simplemente bien, feliz a ratos –los justos- pero de permanente buen humor, satisfecho por tu competencia en lo que eres y haces -trabajo...-, vives positivamente y sin grandes excesos, los corrientes –una cámara digital, todos la tienen ya...-. Eres sociable y simpático, despliegas todo tu "encanto bipolar". Y la gente lo recibe, porque el encanto bipolar existe y lo transmites, y eres aceptado, incluso popular. Hay gente que vive en permanente hipomanía, gente que no tiene por qué sufrir trastorno bipolar.

Además, el perfil hipomaníaco es el del típico triunfador de hoy en día en nuestra sociedad: personas de trato agradable con éxitos laborales, amorosos... Quizá haya entre estas personas -seguro que te suena alguien así-, pero si se quedan ahí en esa hipomanía -sin oscilar o agravarse- no hay mayor problema, al contrario, la vida les ofrecerá muchas satisfacciones.

Un bipolar bajo tratamiento no puede permitirse ni el lujo de la hipomanía, aunque es su máximo anhelo en fase depresiva. Porque puede transformarse en manía, y eso no interesa a nadie. Inmediatamente, se administran antipsicóticos para “bajar”… a eutimia si hay chiripa, a depresión si no.

A los psiquiatras y a los familiares les gustamos más cuando estamos deprimidos, somos mucho más dóciles aunque podemos manifestar también irritabilidad. Lo de la hipomanía es importante, porque es exactamente el punto donde todo bipolar querría vivir para siempre. De hecho, cuando un bipolar remite, y por fin pisa el suelo, la eutimia, puede ocurrirle que la primera sensación sorprendente es que la vida le parezca algo insípida, que a las venas les falte sangre. Hay que acostumbrarse y aceptar que la vida en equilibrio es un lugar donde las emociones ya no son fuertes, ni continuas, se presentan en los momentos en los que se algo se produce (ver niños jugando, ir a un velatorio, sufrir un atasco), ya no se está siempre bajo un estado emocional.

Yo concibo mi problema mental como una lucha entre contrarios, un tira y afloja entre todos los polos y por supuesto entre sus máximos exponentes, la Vida y la Muerte.

La enfermedad me ha afectado y sigue haciéndolo, pero he vivido mientras tanto en períodos eutímicos o hipomaníacos, porque no todo se reduce a experimentar emociones y hacer de éstas el ombligo de tu ser. Lo del conflicto con la personalidad (¿quién soy yo, este polo o el otro?) es otra película.
Lo que sí es cierto es que me siento más humana después de haber pasado por todo el espectro emocional. Hay quien dice que se siente más maduro, y ciertamente los bipolares jóvenes lo son. Y mi empatía, esa capacidad de “Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro” (RAE), es muy alta. Porque mis emociones han hecho de mí una persona muy sensible. Bueno, aquí va por fin lo que son mis sentimientos segun mis palabras, un examen sin apuntes. 
Aprobaré si lo habéis intuído. Porque entenderlo es imposible, hasta para los propios bipos, porque escapa a la razón, lo sientes en tus neuronas y entrañas y punto.

Autora: Blue"